El suicidio rara vez ocurre sin señales previas. Muchas veces, quienes lo contemplan intentan comunicarlo de manera directa o indirecta. Frases como “no vale la pena seguir viviendo” o “ojalá pudiera desaparecer” pueden ser llamadas de auxilio. También existen señales conductuales: el aislamiento repentino, la pérdida de interés por actividades antes placenteras, los cambios bruscos de ánimo, el descuido en la higiene personal o incluso el regalar objetos de valor personal pueden indicar un riesgo elevado.
Es importante destacar que preguntar a alguien si está pensando en hacerse daño no aumenta el peligro; al contrario, puede ofrecer alivio y mostrar que esa persona no está sola. Muchas veces lo que más necesita quien atraviesa pensamientos suicidas es sentir que alguien lo ve, lo escucha y lo toma en serio. Reconocer estas señales es un paso fundamental en la prevención. La tarea de todos amigos, familiares, docentes, compañeros de trabajo es estar atentos, preguntar con sensibilidad y, sobre todo, acompañar sin juzgar. La prevención comienza en los gestos cotidianos de cuidado.
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